I) Planteamiento:
Este artículo recoge una propuesta de actividades para la
realización de un monográfico semanal en el aula de primaria, sobre un texto o
un autor de la literatura clásica española previamente seleccionado por el
profesor, según unos criterios de adecuación para un curso en concreto.
He escogido al autor Juan Ramón Jiménez y su obra “Platero y yo” para llevar a cabo el monográfico en 5º de Primaria.
II) Explicación sobre la adecuación de la obra “Platero y yo”:
“Juan Ramón Jiménez (1881-1958) es un autor esencial para la
poesía en lengua española y para la poesía contemporánea occidental. Sus
propuestas éticas y estéticas marcan una línea divisoria entre el Romanticismo
de Espronceda y Bécquer, bajo cuya influencia escribe sus primeros versos, y el
Modernismo y las vanguardias de las primeras décadas del siglo XX. Tras la
muerte de Rubén Darío, le corresponde el liderazgo entre los más jóvenes poetas
de su tiempo, los cuales escriben bajo sus principios, deslumbrados por el rico
caudal de sus luminosas imágenes y por la profundidad conceptual y simbólica de
sus versos. El exilio en América durante las décadas de los cuarenta y
cincuenta enriquece su poesía la cual adquiere una dimensión cósmica y mística
sin precedentes en la tradición española. El magisterio de Juan Ramón en la
poesía española del siglo XX es indiscutible y continúa influyendo en los
poetas de las generaciones más jóvenes.”
Juan Ramón Jiménez es uno de los mayores exponentes de la
literatura de la generación del 27.
En 1956 recibe el Premio Nobel de Literatura por toda su
obra, lo que definitivamente le consagra como figura universal de las letras
hispánicas.
“Fue un premio a toda una carrera, al conjunto de su obra,
pero con una mención muy especial a una de sus más conocidas narraciones,
‘Platero y yo’. Como reconocimiento a “su poesía lírica” y a su “elevado
espíritu y pureza artística que constituye dentro del lenguaje español” la
Academia le otorgó el máximo premio.”
“Platero y yo” destaca como una obra maestra y como uno de
los poemas en prosa más famosos de la literatura española del siglo XX (es uno
de los libros más traducidos en los últimos cien años, después de La Biblia y
El Quijote).
En él, “el autor hace una exaltación de la naturaleza, y presenta al
hombre en contacto y armonía con su entorno, a través de un lenguaje repleto de
símbolos y metáforas. La primera publicación de Platero y yo la realizó en 1914
la editorial La Lectura, el 12 de diciembre de 1914. En aquella ocasión se
publicaron 63 de los 138 capítulos de los que consta la obra. Tal y como recoge
la Fundación Juan Ramón Jiménez, el Nobel tardó siete años en escribirlo (…) Esa primera
edición se publicó en 1914 con el título “Elegía Andaluza” y la completó en
1917”.
“Platero y yo”, un clásico de la literatura española del siglo XX es todo un ejemplo de prosa poética modernista. Juan Ramón Jiménez leyó mucho a Rubén Darío, del que toma un nuevo vocabulario, la forma sensorial y la interiorización en los poemas.
"Los Modernistas españoles elevaron
la prosa a las alturas del verso dotándola de una gran emoción lírica y obras
como "Platero y yo" se conocen como "poemas en prosa", que
es otro modo de decir "poesía".
“Platero, nada más aparecer, fue considerado
y, lo que es más drástico aún, catalogado, como libro para niños y, en cierto
modo, como libro escolar, llegando a ser un texto empleado habitualmente para
la enseñanza de la lectura a partir de los años veinte en las escuelas españolas
y sucesivamente en las de todo el mundo hispanohablante.”
“Visto por la mayor parte de sus lectores como
una obra de literatura infantil. Tampoco es de extrañar que Juan Ramón Jiménez,
sospechando que su obra podía verse encasillada como tal, advirtiera más de una
vez que Platero no había sido escrito para un grupo lector tan concreto; por
ejemplo, en el prólogo de esa primera edición (1914) o en el de Poesía en prosa
y verso (1902-1932) escogida para los niños por Zenobia, su mujer (1932). Para
Juan Ramón no hay libros específicamente para niños, así que cualquiera (salvo
excepciones evidentes) puede serlo. No importa que el niño no comprenda en
toda su profundidad y en su totalidad un texto: baste que “se contajie del
acento” (Jiménez, 1932, pp. 8-9).”
“Queda claro que Platero era un texto adulto, aunque por su sencillez y
transparencia se adecuara perfectamente a la imaginación y al gusto de los
niños. El propio Juan Ramón, en un «prologuillo» a la edición aclaraba: «Yo
nunca he escrito ni escribiré nada para niños, porque creo que el niño puede
leer los libros que lee el hombre, con determinadas excepciones que a todos se
le ocurren». La primera edición se publicó en 1914 (Ediciones de la lectura), y
en 1917 se publicó la edición completa, compuesta por 138 capítulos (Editorial
Calleja, Madrid).”
“Los desfavorecidos, el ensueño, la elegía y la muerte son temas que
sobrevuelan su creación, que por encima de todo enfoca su mirada al mundo
infantil, que tanto le fascinaba, y que paralelamente en esta etapa fue volcando
en su obra maestra Platero y yo (1914).”
“Platero y yo, escrita en una espléndida prosa, suavemente lleva al
lector a través de un cuidadoso retablo de imágenes poéticas que nos conducen
desde la presentación de este borriquete hasta su muerte”.
Al leer el libro, me ha llamado la atención la sensibilidad con que el autor describe las escenas cotidianas que vivió en su pueblo natal andaluz (Moguer) en aquella época (principios del s. XX): narra vivencias de los niños del pueblo, sus juegos, las costumbres de la gente de Moguer. A través de la lectura de los capítulos, relatos cortos pero llenos de imágenes descriptivas, que transmiten un inmenso amor hacia los animales, la naturaleza y los más necesitados, el lector puede visualizar el costumbrismo y las escenas rurales que Juan Ramón Jiménez narra con un lenguaje poético de una calidad literaria inigualable, con el pretexto de las conversaciones que mantiene con su cómplice compañero Platero. Y lo hace con un lenguaje no muy alejado del de nuestro tiempo, lo que facilita a los alumnos de primaria la lectura y la comprensión de los textos; sí es cierto que aparecen palabras que los alumnos podrían no conocer, pero que precisamente les servirán para ampliar su vocabulario.
La lectura de “Platero y yo” comunica al lector valores y
emociones como la alegría, el amor a la naturaleza, a los animales, la
complicidad, la empatía, la solidaridad, la compañía al que está solo, la
bondad, la ternura, la sensibilidad ante las circunstancias de los menos
afortunados, la tristeza, así como reflexiones sobre la vida, la enfermedad y
la muerte. Aspectos que los alumnos de 5º de primaria ya están en disposición
de comprender y de trabajar en el aula, para enriquecer así su desarrollo
psicológico e ir conformando su personalidad.
Por todo lo expuesto, considero que “Platero y yo” puede ser una obra adecuada para ir introduciendo la literatura clásica española en la educación primaria, concretamente en 5º curso de primaria, y con ella fomentar el hábito de la lectura, mejorar las habilidades lingüísticas básicas y adquirir las competencias especificadas en el currículo escolar.
III) Propuesta de actividades del monográfico semanal:
1º.- Presentación y toma
de contacto (1 sesión de 50 minutos)
El objetivo es que los alumnos tengan una primera toma de
contacto con el autor y su obra.
El profesor explicará a los alumnos que se va a trabajar la
obra “Platero y yo” y presentará físicamente el libro para que puedan verlo y
hojearlo.
Preguntará a los alumnos si conocen al o algo de Platero y
dejará que cada uno cuente lo que sabe.
Seguidamente les explicará que es un libro que, aunque no
está en verso, es como un poema por la manera en que está escrito, que es como
un cuento sobre un burro llamado Platero que era del poeta Juan Ramón Jiménez,
y que en él nos cuenta historias de su vida en su pueblo, cosas que vivió allí
y que ocurrieron allí a él, a los niños del pueblo, a Platero, …
A continuación, el profesor explicará brevemente quién era J.R.
Jiménez, los rasgos más destacados de su vida y personalidad, y por qué es tan
relevante en la literatura española.
El profesor presentará a los alumnos las actividades que realizarán cada día a lo largo de la semana con el fin de:
· Acercarnos al lenguaje poético a través de este cuento que narra historias sencillas pero muy bellas sobre la vida y la muerte, las personas, los animales, las plantas y los sentimientos;
· Conocer la figura de un escritor de literatura española tan importante como Juan Ramón Jiménez, que es uno de los cinco escritores españoles que ha ganado un premio Nobel de Literatura;
· Tomar contacto con el estilo de un movimiento literario que estudiarán en secundaria, llamado “modernismo”.
A continuación, verán en la pizarra digital el siguiente
vídeo en el que se cuenta el capítulo I Platero, ilustrado con una animación
que les servirá para ir poniendo en imágenes lo que van a leer en las sesiones
siguientes y así, estimular su curiosidad y su imaginación https://www.youtube.com/watch?v=9Qs1ytvnOMw
Tras el vídeo, el profesor leerá en voz alta el capítulo III Alegría,
que describe una escena con los niños y los animales de compañía.
Se comentará en voz alta qué han entendido y las posibles
preguntas que surjan.
Finalmente, los niños harán un dibujo de Platero, de acuerdo
a lo leído en clase.
2ª.- “Mensaje en una botella” (1 sesión de 50 minutos).
Los objetivos de esta actividad son:
1.- Tomar contacto con la
obra “Platero y yo”.
2.- Estimular la
curiosidad de los alumnos.
3.- Enriquecer su
lenguaje.
4.- Trabajar la
comprensión lectora.
5.- Presentarles
situaciones en las que haya presentes valores humanos
6.- Estimular la
creatividad de los alumnos.
El profesor preparará unos frascos o botellas dentro de cada una de las cuales habrá papeles enrollados, a modo de mensaje en una botella.
En cada papel enrollado habrá impreso uno de los siguientes capítulos del libro, también numerados:
-Capítulo I – PLATERO
-Capítulo III – ALEGRÍA
-Capítulo VII - EL LOCO
-Capítulo VIII - LA FLOR DEL CAMINO
-Capítulo XI - EL CANARIO VUELA
-Capítulo XII – SUSTO
-Capítulo XIII - LA ESPINA
-Capítulo XIV - JUEGOS DEL ANOCHECER
-Capítulo XV – AMISTAD
-Capítulo XXXVIII - LA CARRETILLA
-Capítulo LI - EL CANARIO SE MUERE
-Capítulo LIII - EL RACIMO OLVIDADO
-Capítulo LX - LA MUERTE
-Capítulo LXI - LA NOSTALGIA
-Capítulo LXIII – MELANCOLÍA
Primero se realizará una lectura individual en silencio. Para
ello, cada niño coge una botella, saca el mensaje y lee en su sitio en capítulo
que le ha tocado. Si tiene dudas sobre lo que lee, podrá preguntar al profesor.
Cuando termina su lectura, vuelve a enrollar el pergamino y a
meterlo en la botella, y coge otra que algún compañero ya haya leído. De este
modo podrán ir cogiendo diferentes textos y leyéndolos individualmente.
La idea es dedicar 20 minutos a la lectura individual en
silencio y después, comentar en voz alta qué ha leído cada uno, qué ha
entendido cada uno, si se ha entendido lo mismo que otro compañero sobre el
mismo capítulo, si les ha gustado, sus impresiones. El profesor apoyará las
intervenciones de los alumnos completándolas y resolviendo las posibles dudas.
3ª.- “La caja del tesoro” (se irá realizando a lo largo de las demás sesiones, principalmente la 2ª).
Con esta actividad se pretende:
1.- Ampliar el vocabulario de los
alumnos.
2.- Mejorar su comprensión lectora.
3.- Habituarlos al uso del
diccionario como herramienta cotidiana.
Se trata de que, a medida que, durante las lecturas de los capítulos
o cualquier otra actividad del monográfico, vayan apareciendo palabras cuyo
significado desconozcan los alumnos, se vayan anotando en unos papeles tipo “post-it”.
Se escribirá la palabra por un lado y por el otro, su significado. Se irán
guardando los “post-it” con sus palabras en una caja que se habrá decorado y que
se llamará “la caja del tesoro”, en este caso, tesoro lingüístico de Juan Ramón
Jiménez.
La caja estará disponible para que los alumnos puedan abrirla
y consultarla o completarla con nuevas palabras cada vez que surja.
4ª.- “Mural Platero y nosotros” (1 sesión de 50 minutos a continuación de la sesión 2).
Los objetivos de esta actividad son:
1.- Trabajar la comprensión lectora.
2.- Estimular la creatividad y la
imaginación de los alumnos.
3.- Ayudarles a integrar las lecturas
y a mejorar la memoria.
Después de las lecturas de la actividad “Mensaje en una
botella”, los niños harán de manera individual, dibujos sobre lo leído (podrán
ser dibujos de Juan Ramón Jiménez, de Platero, de la perrita Diana, de los
niños, del pueblo de Moguer, de las mariposas y otros dibujos inspirados en
cada capítulo encerrado en cada botella).
Se recopilarán todos los dibujos con el que se formará un mural
en los pasillos del colegio bajo el título “Platero y nosotros”.
5ª.- “Investigador secreto” (1 sesión de 50 minutos).
El objetivo de esta actividad es acercar a los niños la
figura de Juan Ramón Jiménez, que conozcan algunos aspectos de su vida y su
obra.
Por equipos de 3 alumnos, tendrán que responder a las preguntas planteadas en la webquest https://lenguacraextremadura.blogspot.com/p/webquest-juan-ramon-jimenez.html, para lo cual, tendrán que investigar en las siguientes webs:
· https://cvc.cervantes.es/Literatura/escritores/jrj/biografia_01.htm
· https://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/1511/Juan%20Ramon%20Jimenez
· https://www.youtube.com/watch?v=JLmWc9gbvy8
Cada equipo anotará cuántas respuestas correctas tiene y así,
el que más tenga, será designado “Mejor Investigador Secreto de la clase”.
6ª.- Salida escolar a “Burrolandia”.
Los objetivos de esta actividad son:
1.- Acercar a los alumnos al
conocimiento de primera mano de una especie protegida que es el burro,
protagonista del libro que se ha trabajado en el monográfico.
2.- Cultivar en ellos la sensibilidad
por el cuidado y el amor a los animales y a la naturaleza.
3.- Generar una experiencia lúdica de
disfrute que recree para los alumnos de primera mano vivencias parecidas a las descritas
por Juan Ramón Jiménez en su obra, de forma que les ayude para recordar mejor
todo lo trabajado durante esta semana y les estimule para seguir leyendo más capítulos
por su cuenta y para querer seguir descubriendo cosas sobre ella y sobre su
autor.
Burrolandia es una protectora animal situad a en Tres Cantos,
Madrid, que organiza visitas escolares:
Allí, de la mano de los voluntarios de la protectora, los alumnos podrán ver de cerca burros, tocarlos, montar en ellos y aprender cosas muy interesantes sobre esta especie animal que Juan Ramón Jiménez inmortalizó en “Platero y yo”.
IV) Selección secuenciada de textos:
Para la realización de las
actividades planteadas anteriormente he seleccionado los siguientes capítulos
por los temas que trata cada uno, por su sencillez que los hacen más adecuados
a los lectores de 5º de primaria y por la sensibilidad, belleza y valores que
transmiten:
-Capítulo I – PLATERO (el autor
presenta a su compañero, protagonista de la obra).
-Capítulo III – ALEGRÍA (sobre la
vida de los niños con los animales del pueblo)
-Capítulo VII - EL LOCO (Juan Ramón
Jiménez se describe a sí mismo montado sobre Platero y cómo le ven los niños
del pueblo).
-Capítulo VIII - LA FLOR DEL CAMINO
(la belleza de la sencillez, la vida sencilla, feliz)
-Capítulo XI - EL CANARIO VUELA (de
nuevo, el amor y la atención a los animales)
-Capítulo XII – SUSTO (escena
simpática de los niños con Platero)
-Capítulo XIII - LA ESPINA (el amor y
cuidado a los animales)
-Capítulo XIV - JUEGOS DEL ANOCHECER
(costumbres de los niños de la época)
-Capítulo XV – AMISTAD (describe la
relación entre el poeta y su burro).
-Capítulo XXXVIII - LA CARRETILLA (la
solidaridad con los más necesitados)
-Capítulo LI - EL CANARIO SE MUERE (la
tristeza, la muerte)
-Capítulo LIII - EL RACIMO OLVIDADO
(la alegría de las pequeñas cosas, los niños)
-Capítulo LX - LA MUERTE (muere Platero,
la tristeza)
-Capítulo LXI - LA NOSTALGIA (sobre
la ausencia de Platero)
-Capítulo LXIII – MELANCOLÍA (la
muerte, el recuerdo)
A continuación, se recogen los textos, en su forma original, si
bien para la realización de la actividad “Mensaje en una botella” sería conveniente
utilizar textos adaptados para niños de 8 a 12 años, como, por ejemplo, los que
se pueden encontrar en el libro “Platero y yo contado por Concha López Narváez”
de la editorial Anaya.
Textos originales:
I
PLATERO
PLATERO es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que
se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de
sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con
su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo
llamo dulcemente: "¿Platero?", y viene á mí con un trotecillo alegre
que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...
Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las
uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina gotita de
miel...
Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero
fuerte y seco como de piedra. Cuando paso, sobre él, los domingos, por las últimas
callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos,
se quedan mirándolo:
—Tiene acero...
Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.
III
ALEGRÍA
PLATERO juega con Diana, la bella perra blanca que se parece
á la luna creciente, con la vieja cabra, gris, con los niños...
Salta Diana, ágil y elegante, delante del burro, sonando su
leve campanilla, y hace como que le muerde los hocicos. Y Platero, poniendo las
orejas en punta, cual dos cuernos de pita, la embiste blandamente y la hace
rodar sobre la hierba en flor.
La cabra va al lado de Platero, rozándose á sus patas,
tirando, con los dientes, de la punta de las espadañas de la carga. Con una
clavellina ó con una margarita en la boca, se pone frente á él, le topa en el
testuz, y brinca luego, y bala alegremente, mimosa igual que una mujer...
Entre los niños, platero es de juguete. ¡Con qué paciencia
sufre sus locuras! ¡Cómo va despacito, deteniéndose, haciéndose el tonto, para
que ellos no se caigan! ¡Cómo los asusta, iniciando, de pronto, un trote falso!
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
¡Claras tardes del otoño moguereño! Cuando el aire puro de
Octubre afila los límpidos sonidos, sube del valle un alborozo idílico de
balidos, de rebuznos, de risas de niños, de ladridos y de campanillas...
VII
EL LOCO
VESTIDO de luto, con mi barba nazarena y mi breve sombrero
negro, debo cobrar un extraño aspecto cabalgando en la blandura gris de Platero.
Cuando, yendo á las viñas, cruzo las últimas calles, blancas
de cal con sol, los chiquillos gitanos, aceitosos y peludos, fuera de los harapos
verdes, rojos y amarillos, las tensas barrigas tostadas, corren detrás de
nosotros, chillando largamente:
—¡El loco! ¡El loco! ¡El loco!
...Delante está ya el campo verde. Frente al cielo inmenso y
puro, de un incendiado añil, mis ojos—¡tan lejos de mis oídos!—se abren
noblemente, recibiendo en su calma esa placidez sin nombre, esa serenidad
armoniosa y divina que vive en el sinfín del horizonte...
Y quedan, allá lejos, por las altas eras, unos agudos gritos,
velados finamente, entrecortados, jadeantes, aburridos:
—¡El lo...co! ¡El lo...co!
VIII
LA FLOR DEL CAMINO
QUÉ pura, Platero, y qué bella es esta flor del camino! Pasan
a su lado todos los tropeles—los toros, las cabras, los potros, los hombres—, y
ella, tan tierna y tan débil, sigue enhiesta, malva y fina, en su vallado
triste, sin contaminarse de impureza alguna.
Todos los días, cuando, al empezar la cuesta, tomamos el
atajo, tú la has visto en su puesto verde. Ya tiene á su lado un pajarillo, que
se levanta—¿por qué?—al acercarnos; ó está llena, cual una breve copa, del agua
clara de una nube de verano; ya consiente el robo de una abeja ó el voluble
adorno de una mariposa.
Esta flor vivirá pocos días, Platero, pero su recuerdo ha de
ser eterno. Será su vivir como un día de tu primavera, como una primavera de mi
vida. ¡Ay! ¿Qué le diera yo al otoño, Platero, á cambio de esta flor divina,
para que ella fuese, diariamente, el ejemplo sencillo de la nuestra?
XI
EL CANARIO VUELA
UN día, el canario verde, no sé cómo ni por qué, voló de su
jaula. Era un canario viejo, recuerdo triste de una muerta, al que yo no había
dado libertad por miedo de que se muriera de hambre ó de frío, ó de que se lo
comieran los gatos.
Anduvo toda la mañana entre los granados del huerto, en el
pino de la puerta, por las lilas. Los niños estuvieron, toda la mañana también,
sentados en la galería, absortos en los breves vuelos del pajarillo
amarillento. Libre, Platero, holgaba junto á los rosales, jugando con una
mariposa.
A la tarde, el canario se vino al tejado de la casa grande, y
allí se quedó largo tiempo, latiendo en el suave sol que declinaba. De pronto,
y sin saber nadie cómo ni por qué, apareció en la jaula, otra vez alegre.
¡Qué alborozo en el jardín! Los niños saltaban, tocando las
palmas, arrebolados y rientes como auroras; Diana, loca, los seguía, ladrándole
á su propia y riente campanilla; Platero, contagiado, en un oleaje de carnes de
plata, igual que un chivillo, hacía corvetas, giraba sobre sus patas, en un
vals tosco, y, poniéndose en las manos, daba coces al aire claro y tibio...
XII
SUSTO
ERA la comida de los niños. Soñaba la lámpara su rosada
lumbre tibia sobré el mantel de nieve, y los geranios rojos y las pintadas
manzanas coloreaban de una áspera alegría aquel sencillo idilio de caras
inocentes. Las niñas comían como mujeres; los niños discutían como algunos
hombres. Al fondo, dando el pecho á un pequeñuelo, la madre, joven, rubia y
bella, los miraba sonriendo. Por la ventana del jardín, la clara noche de
estrellas temblaba, dura y fría.
De pronto, Blanca huyó, como un débil rayo, á los brazos de
la madre. Hubo un súbito silencio, y luego, en un estrépito de sillas caídas,
todos corrieron tras de ella, con un raudo alborotar, mirando, espantados, á la
ventana.
¡El tonto de Platero! Puesta en el cristal su cabezota
blanca, agigantada por la sombra, los cristales y el miedo, contemplaba, quieto
y triste, el dulce comedor encendido.
XIII
LA ESPINA
ENTRANDO en la dehesa, Platero ha comenzado á cojear. Me he
echado al suelo...
—Pero, hombre, ¿qué te pasa? Platero ha dejado la mano
derecha un poco levantada, mostrando la ranilla, sin fuerza y sin peso, sin
tocar casi con el casco la arena ardiente del camino.
Con una solicitud mayor, sin duda, que la del viejo Darbón,
su médico, le he doblado la mano y le he mirado la ranilla roja. Una espina larga
y verde, de naranjo sano, está clavada en ella como un redondo puñalillo de
esmeralda. Estremecido del dolor de Platero, he tirado de la espina; y me lo he
llevado al pobre al arroyo de los lirios amarillos, para que el agua corriente
le lama, con su larga lengua pura, la heridilla.
Después, hemos seguido hacia la mar blanca, yo delante, él
detrás, cojeando todavía y dándome suaves topadas en la espalda...
XIV
JUEGOS DEL ANOCHECER
CUANDO, en el crepúsculo del pueblo, Platero y yo entramos,
ateridos, por la obscuridad morada de la calleja miserable que da al río seco,
los niños pobres juegan á asustarse, fingiéndose mendigos. Uno se echa un saco
á la cabeza, otro dice que no ve, otro se hace el cojo...
Después, en ese brusco cambiar de la infancia, como llevan
unos zapatos y un vestido, y como sus madres, ellas sabrán cómo, les han dado
algo de comer, se creen unos príncipes:
—Mi padre tiene un reloj de plata.
—Y el mío, un caballo.
—Y el mío, una escopeta.
Reloj que levantará á la madrugada, escopeta que no matará el
hambre, caballo que llevará á la miseria...
El corro, luego. Entre tanta negrura, una niña, con voz
débil, hilo de cristal acuoso en la sombra, canta entonadamente, cual una
princesa:
Yo soy la viudita
del Conde de Oré...
...¡Sí, sí! ¡Cantad, soñad, niños pobres! Pronto, al amanecer
vuestra adolescencia, la primavera os asustará, como un mendigo, enmascarada de
invierno.
—Vamos, Platero...
XV
AMISTAD
NOS entendemos bien. Yo lo dejo ir á su antojo, y él me lleva
siempre adonde quiero.
Sabe Platero que, al llegar al pino de la Corona, me gusta
acercarme á su tronco y acariciárselo, y mirar al cielo al través de su enorme
y clara copa; sabe que me deleita la veredilla que va, entre céspedes, á la
fuente vieja; que es para mí una fiesta ver el río desde la colina de los
pinos, evocadora, de un paraje clásico. Como me adormile, seguro, sobre él, mi
despertar se abre siempre á uno de tales amables espectáculos.
Yo trato á Platero cual si fuese un niño. Si el camino se
torna fragoso y le peso un poco, me bajo para aliviarlo. Lo beso, lo engaño, lo
hago rabiar... Él comprende bien que lo quiero, y no me guarda rencor. Es tan
igual á mí, que he llegado á creer que sueña mis propios sueños.
Platero se me ha rendido como una adolescente apasionada. De
nada protesta. Sé que soy su felicidad. Hasta huye de los burros y de los
hombres...
XXXVIII
LA CARRETILLA
EN el arroyo grande, que la lluvia había dilatado hasta la
viña, nos encontramos, atascada, una vieja carretilla, toda perdida bajo su
carga de hierba y de naranjas. Una niña, rota y sucia, lloraba sobre una rueda,
queriendo ayudar con el empuje de su pecho en flor al borriquillo, más pequeño
¡ay! y más flaco que Platero. Y el borriquillo se destrozaba contra el viento,
intentando, inútilmente, arrancar del fango la carreta, al grito sollozante de
la chiquilla. Era vano su esfuerzo, como el de los niños valientes, como el
vuelo de esas brisas cansadas del verano que se caen, en un desmayo, entre las
flores.
Acaricié á Platero y, como pude, lo enganché á la carretilla,
delante del borrico miserable. Le obligué, entonces, con un cariñoso imperio, y
Platero, de un tirón, sacó carretilla y rucio del atolladero, y les subió la cuesta.
¡Qué sonreir el de la chiquilla! Fué como si el sol de la
tarde, que se rompía, al ponerse entre las nubes de agua, en amarillos
cristales, le encendiese una aurora tras sus tiznadas lágrimas.
Con su llorosa alegría me ofreció dos escogidas naranjas. Las
tomé, agradecido, y le di una al borriquillo débil; como dulce consuelo; otra á
Platero, como premio áureo.
LI
EL CANARIO SE MUERE
MIRA, Platero; el canario de los niños ha amanecido hoy
muerto en su jaula de plata. Es verdad que el pobre estaba ya muy viejo... El
invierno, tú te acuerdas bien, lo pasó silencioso, con la cabeza, escondida en
el plumón. Y al entrar esta primavera, cuando el sol hacía jardín la estancia
abierta y abrían las mejores rosas del patio, él quiso también engalanar la
vida nueva, y cantó; pero su voz era quebradiza y asmática, como la voz de una
flauta cascada.
El mayor de los niños, que lo cuidaba, viéndolo yerto en el
fondo de la jaula, se ha apresurado, lloroso, á decir:
—¡Pues no le ha faltado nada; ni comida, ni agua!
No. No le ha faltado nada, Platero. Se ha muerto porque
sí—diría Campoamor, otro canario viejo...
Platero, ¿habrá un paraíso de los pájaros? ¿Habrá un vergel
verde sobre el cielo azul, todo en flor de rosales áureos, con almas de pájaros
blancos, rosas, celestes, amarillos?
Oye; á la noche, los niños, tú y yo bajaremos el pájaro
muerto al jardín. La luna está ahora llena, y á su pálida plata, el pobre
cantor, en la mano cándida de Blanca, parecerá el pétalo mustio de un lirio
amarillento. Y lo enterraremos debajo del rosal grande.
Esta misma primavera, Platero, hemos de ver al pájaro salir
del corazón de una rosa blanca. El aire fragante se pondrá canoro, y habrá por
el sol de Abril un errar encantado de alas invisibles y un reguero secreto de
trinos claros de oro puro.
LIII
EL RACIMO OLVIDADO
DESPUÉS de las largas lluvias de Octubre, en el oro celeste
del día abierto, nos fuimos todos á las viñas. Platero llevaba la merienda y
los sombreros de los niños en un cobujón del seroncillo, y en el otro, de
contrapeso, tierna, blanca y rosa, como una flor de albérchigo, á Blanca..
¡Qué encanto el del campo renovado! Iban los arroyos
rebosantes, estaban blandamente aradas las tierras, y en los chopos marginales,
festoneados todavía de amarillo, se veían ya los pájaros, negros.
De pronto, los niños, uno tras otro, corrieron, gritando:
—¡Un racimo! ¡Un racimo!
En una cepa vieja, cuyos largos sarmientos enredados
mostraban aún algunas renegridas y rojizas hojas secas, encendía el picante sol
un claro y sano racimo de ámbar. ¡Todos lo querían! Victoria, que lo cogió, lo
defendía á su espalda. Entonces yo se lo pedí, y ella, con esa dulce obediencia
voluntaria que presta al hombre la niña que va para mujer, me lo cedió de buen
grado.
Tenía el racimo cinco grandes uvas. Le di una á Victoria, una
á Blanca, una á Lola, una á Pepe, y la última, entre las risas y las palmas de
todos, á Platero, que la cogió, brusco, con sus dientes enormes.
LX
LA MUERTE
ENCONTRÉ á Platero echado en su cama de paja, blandos los
ojos y tristes. Fuí á él, lo acaricié, hablándole, y quise que se levantara...
El pobre se removió todo bruscamente, y dejó una mano
arrodillada... No podía... Entonces le tendí su mano en el suelo, lo acaricié
de nuevo con ternura, y mandé venir á su médico. El viejo Barbón, así que lo
hubo visto, sumió la enorme boca desdentada hasta la nuca y meció sobre el
pecho la cabeza congestionada, igual que un péndulo.
—Nada bueno, ¿eh?
No sé qué contestó.-. Que el infeliz se iba... Nada... Que un
dolor... Que no sé qué raíz mala... La tierra, entre la hierba...
A mediodía, Platero estaba muerto. La barriguilla de algodón
se le había hinchado como el mundo, y sus patas, rígidas y descoloridas, se
elevaban al cielo. Parecía su pelo rizoso ese pelo de estopa apelillada de las
muñecas viejas, que se cae, al pasarle la mano, en una polvorienta tristeza...
Por la cuadra en silencio, encendiéndose cada vez que pasaba
por el rayo de sol de la ventanilla, revolaba una bella mariposa de tres
colores...
LXI
NOSTALGIA
PLATERO, tú nos ves, ¿verdad?
¿Verdad que ves cómo se ríe en paz, clara y fría, el agua de
la noria el huerto; cuál vuelan, en la luz última, las afanosas abejas, en
torno del romero verde y malva, rosa y oro por el sol que aún enciende la
colina?
Platero, tú nos ves, ¿verdad?
¿Verdad que ves pasar por la cuesta roja de la Fuente Vieja
los borriquillos de las lavanderas, cansados, cojos, tristes en la inmensa
pureza que une tierra y cielo en un solo cristal de esplendor?
Platero, tú nos ves, ¿verdad?
¿Verdad que ves á los niños corriendo, arrebatados, entre las
jaras, que tienen posadas en sus ramas sus propias flores, liviano enjambre de
vagas mariposas blancas, goteadas de carmín?
Platero, tú nos ves, ¿verdad?
Platero, ¿verdad que tú nos ves? Sí, tú me ves. Y yo oigo en
el poniente despejado, endulzando todo el valle de las viñas, tu tierno rebuzno
lastimero...
LXIII
MELANCOLÍA
ESTA tarde he ido con los niños á visitar la sepultura de
Platero, que está en el huerto de la Pina, al pie del pino paternal. En torno,
Abril había adornado la tierra húmeda de grandes lirios amarillos.
Cantaban los chamarices allá arriba, en la cúpula verde, toda
pintada de cenit azul, y su trino menudo, florido y reidor, se iba en el aire
de oro de la tarde tibia, como un claro sueño de amor nuevo.
Los niños, así que iban llegando, dejaban de gritar. Quietos
y serios, sus ojos brillantes en mis ojos, me llenaban de preguntas ansiosas.
—¡Platero amigo!—le dije yo á la tierra—; si, como pienso,
estás ahora en un prado del cielo y llevas sobre tu lomo peludo á los ángeles
adolescentes, ¿me habrás, quizá, olvidado? Platero, dime: ¿te acuerdas aún de
mi?
Y, cual contestando mi pregunta, una leve mariposa blanca,
que antes no había visto, revolaba insistentemente, igual que un alma, de lirio
á lirio...
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